Un cortometraje único que mezcla surrealismo y animación, nacido en 1945 y terminado recién en 2003, demuestra que algunas ideas están destinadas a esperar su momento.
En plena década de los 40, cuando el mundo aún vivía las consecuencias de la guerra, dos mentes brillantes decidieron apostar por algo completamente distinto: crear arte sin límites. Así nació Destino, el proyecto que reunió al artista surrealista Salvador Dalí con el visionario de la animación Walt Disney.
Un experimento adelantado a su tiempo
La idea surgió tras una visita de Dalí a los estudios de The Walt Disney Company. Fascinado por su estilo, Disney le propuso crear un cortometraje que mezclara arte y animación como nunca antes.
El resultado fue un concepto radical: una historia sin diálogos, guiada por música, donde el tiempo, el amor y los sueños se expresan a través de imágenes simbólicas. Relojes que se derriten, figuras que se transforman y paisajes imposibles comenzaron a tomar forma gracias al trabajo conjunto con el artista de Disney John Hench.
Un sueño que quedó en pausa
Pero el proyecto no logró concretarse. Las dificultades económicas que enfrentaba el estudio obligaron a dejar Destino archivado. Durante décadas, la obra permaneció como una curiosidad inacabada.
El regreso inesperado
No fue hasta 1999 cuando el proyecto volvió a la vida, impulsado por Roy E. Disney. Rescatando los bocetos originales de Dalí, un nuevo equipo retomó el desafío.
Finalmente, en 2003, el cortometraje fue estrenado bajo la dirección de Dominique Monfery.
Una experiencia más que una historia
Lejos de una narrativa tradicional, Destino propone un viaje visual. Una figura femenina recorre escenarios cambiantes, fusionándose con el entorno en una especie de danza surrealista.

