En la ciudad de San Fernando, cuna de profundas tradiciones rurales y culturales del Valle de Colchagua, nació el 14 de marzo de 1862 uno de los grandes rescatistas de la memoria oral chilena: Ramón Laval Alvial. Pese a que su vida adulta se desarrolló principalmente en Santiago, nunca dejó atrás su raíz provincial, marcada por los relatos populares, la religiosidad campesina y las leyendas del campo chileno.
Ramón Laval no fue un académico de formación formal, pero se convirtió en una figura clave del patrimonio intangible del país. Fue un autodidacta apasionado por las historias que escuchaba desde niño en las cocinas, fogones y campos abiertos de su tierra natal. Desde joven, se dedicó a recopilar oraciones, cuentos, ensalmos y creencias populares, convencido de que ahí vivía la verdadera alma del pueblo chileno.
Su legado bibliográfico incluye joyas como Cuentos chilenos de nunca acabar (1910), Oraciones, ensalmos y conjuros del pueblo chileno (1910) y Cuentos populares en Chile (1923), obras en las que plasmó un Chile profundo, muchas veces ignorado por las élites culturales, pero esencial para entender la identidad del país.
Además, Laval fue un destacado trabajador de la Biblioteca Nacional de Chile, donde ejerció cargos durante más de tres décadas, incluso como director interino. Desde esa posición, consolidó su aporte como bibliógrafo, ordenando y clasificando los saberes dispersos del país. En 1915 publicó Bibliografía de bibliografías, una obra pionera en su tipo en América Latina.
Su aporte no se detuvo en los libros: fue uno de los fundadores de la Sociedad del Folklore Chileno, agrupación creada en 1909 para rescatar y valorar las expresiones culturales del país. Allí compartió labores con nombres como Rodolfo Lenz y Julio Vicuña Cifuentes.
Ramón Laval falleció el 14 de octubre de 1929, pero su legado sigue vivo en cada cuento tradicional que aún se narra, en cada rogativa campesina, y en el espíritu colectivo que guarda la historia oral. Para San Fernando, representa una figura ilustre: un hijo de la tierra que supo mirar con sabiduría y respeto lo que otros desestimaban como simple superstición.
Gracias a su trabajo, Chile tiene hoy un valioso registro de sus voces más antiguas, de su sabiduría campesina, y de sus mitos fundacionales. En tiempos de velocidad y olvido, Ramón Laval nos recuerda la importancia de detenerse a escuchar las historias que nos definen como pueblo.